Es mejor que te griten “hijo de puta” que “vete a fregar”. Porque el insulto está incorporado a la liturgia futbolística y es un gaje más del oficio; en cambio la recomendación lleva implícita una expulsión. Las dos cosas están en la naturaleza misma del fútbol: el insulto porque es macho y el paternalismo porque también es macho. Tuvieron que pasar más de cien años para que el fútbol femenino consiga salir de las trincheras, acompasando un movimiento reivindicativo en favor de la mujer que ya es imparable.
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