No se puede explicar la derrota ante Italia de la selección sub-21 sin priorizar tres causas fundamentales: la extrema violencia de los italianos, la tolerancia de un árbitro incompetente y la asimetría del VAR, sistema puntillista en las áreas y holgazán en el resto del campo. Lo demás también cuenta —el error de Simón en el primer gol, el desconcierto de los centrales en el segundo y el prolongado agarrón de Soler a Pellegrini que significó, VAR mediante, el penalti del tercero—, pero el partido estuvo presidido desde el primer minuto por el matonismo de los italianos, que primero apelaron a las patadas para sobrevivir a la brillante ofensiva de España y después se beneficiaron del desinterés del árbitro por hacer su trabajo con dignidad.
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