El Real Madrid es el rey absoluto. Su magia no encuentra antídoto. Sea ante el Baskonia, el Barcelona, en el Wizink, el Araba o el Palau. Cerró la final, 3-1, ante el Barcelona, en un duelo en que deshizo el crucigrama estratégico de Pesic que tanto le complicó la vida. Prevaleció finalmente el estilo cultivado a lo largo del último lustro por Pablo Laso en un partido terriblemente físico y con un bloqueo defensivo. La garra de Rudy Fernández y el recital de Campazzo encarrilaron el triunfo definitivo del Madrid, pero el goteo de canastas finales de Causeur, Taylor y Tavares lo remataron. El Barcelona quedó derrengado, al borde del colapso, incapaz finalmente de recuperar como lo hizo en el tercer duelo.
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