Existe un estadio en el mundo donde los árboles han crecido libres en ausencia del hombre, convertidos en protagonistas estáticos de un partido de fútbol que jamás llegó a disputarse. El 26 de abril de 1986, cinco días antes de su inauguración oficial como nueva casa del FC Stroitel Pripyat, el reactor número 4 de la planta nuclear de Chernóbyl hacía explosión y aplazaba para siempre las aspiraciones del estadio Avanhard, por entonces la menor de las preocupaciones para una población que estaba a punto de perderlo todo. Aquella estructura de hormigón sin historia es hoy uno de los principales reclamos turísticos de la zona, y sus árboles futbolistas ejercen como testigos directos de esa belleza confusa, desoladora, que suele dejar tras de sí cualquier tragedia.
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