Durante el partido estuvo más tiempo semiflexionado, con las manos quietas, que moviéndolas permanentemente para aplaudir. La figura de Zinedine Zidane sigue reflejando una postura incómoda, muy alejada de esa elegancia innerente de la que ha presumido siempre. Tras el partido, un nuevo mal partido del Madrid, se adentró en la sala de prensa con una sonrisa hasta que se sentó. A partir de ahí el rictus volvió a ennegrecerse.
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