Tiene el Mundial de MotoGP un quéséyo y un yoquésé que lo hace especial. Porque no siempre dos más dos dan cuatro. No siempre gana la mejor moto, ni el mejor piloto; no siempre se impone la fábrica más poderosa. Porque cuando los pilotos dicen que el motociclismo va de sensaciones tratan de explicar lo difícil que es pelear por una o dos décimas de segundo cuando juegan el pulso, la muñeca, las irregularidades del asfalto o la dureza de los neumáticos. Entre otro sinfín de detalles.
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