vendredi 3 mai 2019

Piqué se fuma un puro en un bombardeo

Luz, cámara, pasión

Messi, como todo clásico, nunca se termina. El miércoles dio tal exhibición de dominio de la situación que todo -el Nou Camp a reventar, el partido tremendo y hasta el fútbol mismo- pareció más pequeño que él. Y eso que fue un partido entre colosos, dramático e imprevisible como la batalla de Juego de Tronos de la que veníamos, solo que el fútbol está mejor iluminado. Esperábamos un Barça dominante y un Liverpool contragolpeador, pero se intercambiaron los papeles en fases muy largas del encuentro. Esperábamos un partido atado por los nervios y muy precavido a la espera de la vuelta, pero los dos jugaron desatados desde el primer al último minuto. Esperábamos un partido entre un equipo supercompetitivo y un hombre empeñado en ganar la Champions, pero nadie podía imaginar que el hombre le ganaría al equipo. Esperábamos un buen partido, pero fue uno grandioso.

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