El Atlético se apagó en Barcelona. Desde que el Barça dejó la esperanza rojiblanca en la UCI en el Camp Nou, los muchachos de Diego Simeone se mentalizaron en retrasar lo máximo posible el alirón azulgrana. Pero ya con la copa en las vitrinas del Museo del Barcelona, el Atlético se quedó sin su leitmotiv: el nervio. Y eso que lo intentó. Pero no hubo caso. Se encontró con un Espanyol alegre, impulsado por sus canteranos, por un primer gol gestado en una carrera a lo Bolt de Adrià Pedrosa, y por Borja Iglesias, goleador de Segunda y de Primera, máximo artillero del cuadro de Rubi. Un 3-0 rotundo, que mantiene viva la ilusión de Europa en Cornellà.
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