El Manchester City ha cambiado la fisonomía del fútbol inglés. Lo ha hecho con un juego tan bello y dinámico como extremadamente contracultural en las Islas Británicas. No han faltado las controversias. Tampoco los críticos, dispuestos a recordar que debajo de los éxitos del equipo que conduce Pep Guardiola se esconde una inversión histórica en fichajes. Olvidan que hace muy poco el Chelsea y el United intentaron crear proyectos hegemónicos a base de batir récords de gastos y no lo consiguieron. Más allá de la excelencia futbolística o la nobleza de las ideas, son los títulos —Guardiola no deja de repetirlo con amargura— los que dan y quitan la razón ante la opinión pública. Y los títulos llueven sobre el norte de Manchester. El último, en Wembley este sábado ante el Watford, en donde el City ganó la final de la Copa inglesa y cerró la temporada con un ciclo inaudito. Nunca un equipo inglés había logrado el triplete doméstico y mucho menos el cuatriplete añadiendo Premier, Copa de la Liga y Copa de la FA a la Community Shield.
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