Mientras la leyenda hace de los campeones mitos, hombres capaces de enfrenarse solos a su destino --y ninguno tan mítico como Coppi, justo ayer en Pinerolo, 70 años después de su nacimiento como campionissimo en la Cuneo-Pinerolo del Giro del 49, la etapa del un uomo solo al comando--, la vida cotidiana recuerda dolorosamente que los ciclistas son valiosos por el carácter puramente animal de sus organismos maravillosos, sus pulmones, su corazón, sus músculos. Su sangre. Y que como tales se les trata.
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