Bendita locura. Hay una línea muy delgada que separa el éxito de la decepción (fracaso para los más catastrofistas) y el miércoles fue el VAR quien la sobrepasó y provocó un intercambio de emociones en cuestión de segundos. De la celebración a la desesperación, de la alegría máxima a la frustración. En el campo, en los banquillos, en las gradas, en las casas de medio mundo... Bendita locura que nos regala el fútbol, menuda manera de hacernos sentir vivos.
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