Dos semanas antes del Masters de Augusta, José María Olazabal (Hondarribia, Gipuzkoa, 53 años) se entrena en la Real Sociedad Hípica, en Madrid. Cuando acaba la ronda, pasa por detrás de una fila de niños y niñas que practican el swing. El campeón de dos grandes se para junto a ellos y les dedica unos instantes para aconsejarles cómo golpear mejor. Es una demostración de lo que Olazabal llama “el amor por el golf”. Algo le recuerda a ese niño que soñaba con ganar el Masters de Augusta. Hace 25 años lo consiguió.
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