Para Garbiñe Muguruza, el reconstituyente tiene nombre y apellido: Monterrey, México. Allí fue donde había ganado su último título hasta este domingo, exactamente hace un año, cuando cerró una sequía de ocho meses y elevó su sexto trofeo como profesional; ahora, de nuevo trampolín, oxígeno y alivio para terminar con una secuencia negativa todavía más prolongada, de un curso completo. Necesitaba la hispanovenezolana un estímulo positivo y otra vez lo encontró en el torneo azteca, imponiéndose en la final a Victoria Azarenka. Con 6-1 y 6-3, lastimada del gemelo derecho, la bielorrusa renunció y Muguruza se coronó en su oasis anímico.
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