Moise Kean se siente fuerte. Muy fuerte. Tiene argumentos. Fue el primer jugador nacido en este siglo en debutar en la Serie A y en meter un gol como profesional en las cinco grandes Ligas europeas. Esta temporada sumaba dos goles con la selección de Italia en dos partidos oficiales y había metido cuatro en los 180 minutos disputados con la Juventus entre Copa y Liga. Con solo 19 años se sentía pletórico cuando este martes visitó el campo del Cagliari, el Arena Cerdeña. Tan fuerte que al escuchar cánticos racistas desde la curva norte, justo detrás de la portería local, tomó nota. En el minuto 85, le ganó la espalda a Srna en una exhibición de potencia, metió el 0-2 definitivo y se presentó ante la valla que lo separaba de los fanáticos. Hizo la estatua y abrió los brazos en cruz desafiando a sus acosadores a mostrarse tal y como son. Figura emergente del calcio, Kean se siente poderoso con una particularidad. Es hijo de padres marfileños emigrados el siglo pasado. Es negro como el ébano en el país de Matteo Salvini.
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