Todo lo malo que le podía ocurrir al Valladolid, le pasó en media hora, treinta minutos fatídicos a los que se podrían sumar los últimos del anterior partido en Zorrilla, en los que desperdició la ocasión para el 3-1 por un fuera de juego absurdo, y regaló un penalti en el minuto 96 que se convirtió en un empate indeseado. Así que con esos antecedentes y la media hora inicial frente al Alavés, era como para echar la persiana y resignarse al descenso a Segunda, porque peor no podían salirle las cosas al equipo pucelano.
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