dimanche 14 avril 2019

El “sueño loco” de Gilbert

La París-Roubaix son 54 kilómetros de pedruscos y de soledad. La ley del pelotón pesa poco en los caminos empedrados de pavés que cada ciclista recorre como puede, puro ejercicio de voluntad y reto. Cada ciclista que sufre, y al mismo tiempo se exalta pues todos soñaron con ser ciclistas para vivir momentos así, pelea por un objetivo, y terminada la carrera, bajo el agua caliente de la ducha del autobús del equipo —las duchas frías, comunales, del velódromo, como cubículos de minero, son reliquias para que hagan fotos los turistas ya—, cada uno se examina. Dos corredores, al menos, terminaron tan felices que no cambiarían ni un minuto de las casi seis horas pasadas expuestos a toda velocidad (casi 44 de media, tremendo) al viento de cara y al polvo de los caminos secos.

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