Los caminos del Valencia y el Rayo se cruzaron en la tarde intempestiva de Vallecas. Soplaba el viento y la lluvia racheada mojaba las tribunas en un clima de astenia primaveral entre los hinchas. “¡En Segunda B, allá donde estés, yo te seguiré!”, cantaban los Bucaneros. Si el Valencia venía a coronar tres meses de escalada —doce partidos invicto— con una victoria que le habría metido en Champions, el Rayo venía de cosechar un punto en nueve partidos. Las señales del descenso inminente se multiplicaban, incluso entre los que no dejaban de cantar. No solo por la penúltima posición en la tabla. El Rayo parecía moralmente abatido cuando comenzó el partido.
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