El Manchester City cayó con estrépito en el partido más delirante de la Champions. Una goleada cruzada que no le sirvió al equipo de Guardiola para enmendar su excursión conservadora a White Hart Lane y que elevó a un Tottenham malherido a las alturas. Redimido por el VAR y por Fernando Llorente, que metió el gol decisivo —la última bomba del bombardeo— con un golpe de pelvis a la salida de un córner.
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