A Cristiano le faltó poco para irse de Amsterdam sin tocar la pelota. Pero cuando lo hizo salvó a la Juventus. Su gol, el número 126 de su cuenta en Champions, sacó a su equipo del remolino de pases que amenazaba con tragárselo. El Ajax hizo un soberbio ejercicio de dominio y bravura que no encontró más réplica que la disciplina táctica y un invento de Cristiano.
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