Cuando la selección española rompió filas tras el himno, Jesús Navas esprintó hacia el fondo situado junto a la portería de De Gea. La hinchada, en calma chicha y aún distraída, coreó su carrera cuando el menudo lateral sevillista se aproximó. Ramos repitió el ejercicio de Navas en el otro costado y el graderío también estalló. Mientras, en el centro del campo Morata y Rodrigo llegaban a un acuerdo sobre los movimientos a ejecutar ante un rival que se disponía a desplegar un 4-4-2 cartesiano en el que la altura y el físico de los noruegos anticipaban un duelo de pocos espacios alrededor del área de Jarstein. Aunque venida a menos por los últimos batacazos en las grandes competiciones, los rivales aún respetan mucho a La Roja.
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