“Me tengo que repasar el color de los aros olímpicos... El amarillo casi ni se ve con la piel tan oscura que tengo”, dice Ray Zapata mientras termina sus estiramientos en el pabellón de gimnasia del CAR (Centro de Alto Rendimiento) de Madrid. Ha terminado su entrenamiento y se señala el tatuaje en el costado. Se lo hizo a la vuelta de los Juegos de Río, a los que fue con opción de medalla y de los que volvió sin disputar la final, porque no se clasificó.
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