Ni siquiera en su círculo más cercano conocían la respuesta. Desde que dejó en silencio el Kazán Arena tras caer eliminado en los octavos de final de la Copa del Mundo ante Francia, Lionel Messi habló poco y nada sobre su vuelta a la selección argentina. Sabían, en cualquier caso, que el adiós no era definitivo. Se le tenía que pasar la rabia después de una nueva frustración con la Albiceleste. La de Rusia, seguramente, la más dura; sin dudas la que lo mantuvo más tiempo alejado de la Celeste y Blanca (260 días). “Tenía unas ganas tremendas de volver”, aseguran en el seno de la concentración de Argentina en Madrid, que se enfrentará este viernes a Venezuela en el Wanda Metropolitano (21.00 horas).
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