El misticismo que últimamente acompaña a Lewis Hamilton desapareció drásticamente cuando dio comienzo el primer gran premio de la temporada de Fórmula 1. “Muchas gracias a todos por acompañarme en este viaje”, soltó por la radio el actual campeón solo unos instantes antes de que los semáforos se apagaran en el circuito de Albert Park. Cuando lo hicieron, el británico, colocado en la ‘pole’, vio imponente cómo Valtteri Bottas, su compañero en Mercedes, le superó como un torpedo a pesar de arrancar desde el carril sucio del trazado y salió disparado hacia la victoria, la primera para él desde la que se adjudicó en el Gran Premio de Abu Dabi de 2017. El finlandés se vistió de Hamilton y firmó una carrera perfecta, sin cometer un solo error, martilleando el cronómetro y sin ninguna grieta que diera una pequeña brizna de esperanza a ninguno de sus rivales. Por detrás del corredor de Nastola cruzó la meta su vecino de taller, mientras que Max Verstappen completó un podio, a la vez que puso en relieve el desastre de Ferrari. Carlos Sainz se vio obligado a abandonar en la duodécima vuelta después de que el motor Renault de su McLaren se pusiera a arder cuando el español circulaba el 14º.
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