En Donostia pedían otro ritmo. No es que reivindicaran a Pérez Prado y su Mambo número 8, pero sí un poco más de vidilla. Creían que así la cosa no iba bien, y por eso los dirigentes de la Real Sociedad decidieron hacer caso al pueblo; atender las peticiones. Y cambiaron el ritmo. Frente al Athletic ya fue otra cosa, por fin el himno sonó más rápido. Se acabó el son de la tamborrada, ese allegro ma non troppo que aburría a las ovejas.
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