Impecablemente trajeado, Gerard Piqué irrumpió poco antes de las siete de la tarde en el patio central de la Real Casa de Correos de Madrid, en el corazón de la capital, compartiendo carcajadas con el presidente de la Federación Internacional de Tenis (ITF), David Haggerty, y el resto del equipo de Kosmos, la empresa que preside. Tomó asiento el futbolista, se atusó el flequillo y después presenció orgulloso cómo su torneo, la rompedora Copa Davis que arrancará a finales de año con 18 selecciones, en noviembre, cobraba definitivamente forma.
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