El desvelo de la Liga no le permite al Villarreal alegrías en Europa. La tensión del día a día en una temporada deprimente se veía reflejada en las caras de la plantilla amarilla durante el desplazamiento a Lisboa, que recibió a la expedición castellonense con un clima agradable. Solo la perenne simpatía de Santi Cazorla esbozó alguna sonrisa en los asientos finales del vuelo chárter, donde se ubicó el asturiano para jugar una partida de cartas a cuatro manos. Los demás compañeros se encontraban ensimismados con sus aparatos electrónicos y Fernando Roig tampoco escondía su preocupación.
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