Hace tiempo que el Barcelona anda en busca de revulsivos, algún jugador rebelde, con fuerza para poner en jaque a los pesos pesados. O, al menos, que puedan descorchar un duelo cuando Messi anda apagado o simplemente lesionado. No es fácil. Alcácer se marchó al Dortmund, Munir hizo lo mismo este invierno rumbo a Sevilla, mientras que Dembélé se enganchaba un tobillo y tuvo que irse a la enfermería. De Coutinho no hay noticias. Tampoco las había de Malcom. Hasta el primer clásico copero, más goleador que revulsivo, nada menos que ante el Madrid.
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