mercredi 13 février 2019

Cuando el aprendiz triunfa en casa del maestro, enfermo

Llegan los ciclistas europeos a La Ceja y los paisas les señalan las lomas que rodean al municipio y les dicen que se fijen, que son como cejas encadenadas, su perfil, y los europeos asienten, anda, es verdad, las montañas son cejas, qué hermosura, y añaden que se sienten en territorio conocido, que las carreteras por las que pedalean en el Oriente Antioqueño les recuerdan a las del País Vasco, todo verde, todo curvas estrechas, subidas y bajadas, ni una recta que pase de 10 metros, ni 10 metros seguidos planos. Solo que el olor tan dulce nos despista, las flores, tantas, casi tropicales, las hortensias de todos los colores, su perfume. Ah, les dicen, es así, es así, antes los campos y los prados eran para el ganado, ahora nos dedicamos al cultivo de flores que exportamos a todo el mundo, es nuestra industria, y nuestra gran afición, como la de los vascos, es el ciclismo; aquí das una patada a una piedra y te sale un ciclista, y no veas un poquito más allá, en El Carmen del Viboral, donde solos e produce cerámica y ciclistas.

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