En plena combustión, la Roma recibe al Oporto. Un cruce señalado como el que menos glamour desprende y menos expectación despierta de los octavos de final de la Liga de Campeones. Todo se cuestiona en el club romano. La figura de Monchi, director deportivo, está en la diana de los tifosiy por extensión la del técnico, Di Francesco. A la pareja se le culpabiliza del sexto puesto que ocupa en la tabla, aunque a solo un punto de la cuarta plaza que otorga plaza en la Champions, y de la humillación por 7-1 ante la Fiorentina en cuartos de la Copa. Di Francesco espera que la competición que le encumbró la temporada pasada tras alcanzar las semifinales, llevándose por delante al Barcelona en cuartos, revitalice al núcleo duro del plantel. Kolarov, Manolas y Dzeko, héroes hace menos de un año, también están bajo sospecha. Lo mismo que Nzonzi, Pastore y Justin Kluivert, los fichajes estrella del curso. Ninguno ha rendido al nivel esperado. “El camino es largo, pero esta es una buena ocasión para hacer un gran partido y entusiasmar al ambiente. En Champions tenemos que ser ambiciosos”, advierte Di Francesco.
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