Fuera de las cotidianas habilidades de Leo Messi, apenas queda sitio para lo sobrenatural en el fútbol. Ahora no eres nadie si no hablas de big data. Siempre hay una estadística que pretende explicar lo que pasa en los partidos, en medio del masivo entusiasmo por las normas que impone la tecnología, en un proceso que muchas veces ataca la adorable ingenuidad del fútbol. Estamos en un tiempo donde conviene gritar los goles con mucho cuidado, y no como los gritó Iñaki Williams después de sus dos prodigios frente al Sevilla, golazos trascendentales para el Athletic. Ni con el big datamás sofisticado se podía sospechar no sólo la magnitud de los goles, sino la probabilidad de un tanto de Williams en San Mamés.
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