En la primera temporada con la tecnología observándolo todo, y culminada la primera vuelta bajo el ojo del Gran Hermano audiovisual, LaLiga cosecha resultados insospechados. Más allá de las novedosas intervenciones del videoarbitraje y de su impacto directo sobre el juego, el comportamiento de los equipos ha mutado respecto a épocas precedentes. Técnicamente ha encogido. Solo el Barcelona, por segunda temporada consecutiva campeón de invierno, mantiene tendencias similares, aunque su balance numérico ha menguado. No así el de Messi, dominador de nuevo del escenario individual, con la oposición principal localizada únicamente dentro de su vestuario. Alejado del foco competitivo se mueve el Real Madrid, atascado en la cuarta plaza en el Año 1 sin Cristiano, con el peor botín de puntos en más de una década, y dirigido inesperadamente por el que fuera entrenador del filial. Más estable se presenta el Atlético, segundo en la clasificación por tercera vez en las últimas cinco temporadas; y en plena euforia Sevilla (3º) y Alavés (5º), los otros dos alumnos más aplicados del primer cuatrimestre.
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