Tres minutos de furia resultaron suficientes para despachar a Macedonia (21-32) en el cuarto partido del Mundial. Tras una primera parte incómoda, sostenida de nuevo por el portero, esta vez Gonzalo Pérez de Vargas, España se desató al inicio de la segunda parte con su mejor medicina: defensa, robo y contraataque. El episodio fue un visto y no visto para su rival, que se marchó al descanso uno abajo (12-13) y, cuando abrió los ojos, caía 12-18. El duelo había terminado.
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