Con paso pesaroso y una cojera ostensible, Dembélé desfiló tras la portería de Cuéllar hasta el banquillo junto al doctor Pruna, que atendía con preocupación a las explicaciones del extremo. El futbolista, con el gesto torcido por el dolor, se echaba la mano a la rodilla y al tobillo izquierdo, después de una jugada desafortunada en la que se le quedó la pierna enganchada atrás sin que mediara ninguna entrada. “Es un esguince en el tobillo”, desveló una hora más tarde Ernesto Valverde, en consonancia con el comunicado médico del club, que no especificó el tiempo de baja pero se cifra en poco menos de dos semanas. Fue, en cualquier caso, el final de una noche magnética del 11, que exhibió de nuevo su maravilloso fútbol caótico.
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