“El vestuario estaba harto de Dembélé”. La respuesta se repite en cada estamento del Barcelona. “Incluso estaban más cansados de él sus compañeros que el cuerpo técnico”, subrayan en la Ciudad Deportiva del Barça. La falta de puntualidad —no solo llegaba tarde a los entrenamientos de forma reiterada sino que algún día incluso faltó— y su displicencia en la cancha chirriaban en el grupo comandado por Ernesto Valverde. Nada, sin embargo, comparado con lo que colmó la paciencia de sus compañeros. “Más allá de que estaba todo el día con el móvil, sin prestar atención a nada, lo que realmente molestó fueron algunos de sus desplantes”. Entonces, con la cuerda al límite, la directiva, el cuerpo técnico y el vestuario concedieron: hay que rescatar a Dembélé. Y el plan, por ahora, funciona.
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