Certificada la eliminación copera, el discurso de Diego Pablo Simeone en el vestuario estuvo enfocado a las concesiones defensivas de su equipo en los tres goles del Girona y en no haber logrado conservar el 3-2 que suponía la clasificación con apenas seis minutos por disputarse. Para un equipo que construye su fortaleza desde la solidez defensiva, encajar tres goles —nunca los había recibido en el Wanda Metropolitano— fue una afrenta y un varapalo.
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