“Cuando mi madre me preguntó qué había pasado, me avergoncé. El racismo duele, duele mucho. Me costó decirle que, una vez más, miles de personas me habían ofendido, insultado y humillado”. Así resumió el viernes Kalidou Koulibaly, defensa del Nápoles nacido en Senegal, al tribunal de apelación de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) lo que había sentido en San Siro el pasado 26 de diciembre. Aquella noche, durante el Inter-Nápoles, fue víctima de los gritos de buuuuu racistas de parte de la hinchada neroazzurra durante todo el partido. Nervioso, fue expulsado por doble amarilla en el minuto 80; por una falta y por aplaudir al árbitro.
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