Hace exactamente un año, Ernesto Valverde sufrió un varapalo en el mercado de invierno. Javier Mascherano, empecinado en que quería jugar de mediocentro para estar fino para el Mundial de Rusia, se marchó a China. La solución de la secretaría técnica del Barça fue reemplazar a Mascherano con el colombiano Yerry Mina, un central carismático, seguramente con potencial, sin nada de rodaje en el fútbol europeo. La apuesta no funcionó en lo deportivo, sí en lo económico: tras el buen Mundial del central, el Everton pagó 30 millones. Seis partidos con la camiseta azulgrana y un beneficio de 20 millones.
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