Personas jóvenes, insaciables, con talento, que se van a comer el mundo rápido, casi con las manos, crudo, siempre hubo. Personas que al cabo no se lo comen, sino que el mundo, que resultó muy distinto a como creían, los devora a ellos, habrá siempre también. Es la lucha eterna entre lo que iba a ser y al final es. A cierta edad, la aspiración irrefrenable de empezar por el final, entendido como ese momento en el que se alcanza éxito y fama, lo puede todo. Nada hay de anormal en ello. Qué se podría esperar de un joven futbolista, pongamos, que no quiera ser el mejor, y que al comienzo de su carrera, cuando jugar cumple para él con los requisitos de la felicidad total, no sueñe en secreto que llega a serlo. Aunque es sabido que a veces los sueños no se cumplen.
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