Tommy Fleetwood abrió la caja de los truenos. “Quiero que el golf sea un deporte de fácil acceso para mis hijos. Si quieren jugar en chándal, ¿por qué no?”, dijo hace unos días el melenudo golfista inglés, número 13 del mundo. Y los cimientos de un deporte tan conservador temblaron. La simple idea de alterar la etiqueta en el golf ha encendido un debate entre quienes pretenden conservar al milímetro las tradiciones y quienes apuestan por subirse a la ola de cambios. Dentro del propio deporte, la mayoría se decanta por dejar el armario como está, símbolo de distinción. Pero la mecha está prendida.
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