Salvar lo salvable
La emoción es la única coartada del espíritu guerrero que se apoderó de los barras bravas argentinos. Teniendo en cuenta que River es el principal damnificado por los desmanes de los hinchas de River, la estupidez es otro factor que conviene no subestimar. O la prueba de que estos grupos, que empezaron siendo funcionales a directivos corruptos, hoy solo responden a su propia codicia. Emoción, estupidez y delincuencia, un cóctel para echarse a temblar. Jugar en Madrid es una capitulación en toda regla. El partido se rindió ante la barbarie de estos delincuentes, ante la incompetencia, y posiblemente complicidad, de las fuerzas de seguridad y ante la incapacidad organizativa de los directivos. Este retrato que el país ofreció al mundo a través del juego que más nos representa es una vergüenza. Hoy, los jugadores tienen un compromiso con la dignidad y los hinchas, la obligación de defender con orgullo y en paz la pasión que les une.
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