dimanche 9 décembre 2018

Qué quedará del River-Boca

Hay desenlaces que no están a la altura del principio. Son finales que nunca debieran llegar, sino simplemente estar cerca, como fantasmas de lo que no fue. El River-Boca de la Libertadores era un partido tan grande dentro de la cabeza de los aficionados argentinos, una final tan imposible, que resultó maravillosa mientras no se jugó. Sin embargo, cuando se suspendió el partido de vuelta, y el desenlace se fue demorando, y los días empezaron a consistir en esperas latosas, decayó el esplendor del principio. El fútbol se adentró en los pasillos y la burocracia. Se esfumó todo el romanticismo. Para cuando se decidió que el título se ventilaría en Madrid, ese exilio instaló cierto apocamiento en los ánimos. Ya nada iba a ser como se soñó.

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