A veces me gusta comparar nuestra visión sobre los entrenadores con la lectura que se hace por los entendidos de las obras de arte: extraemos más conclusiones sobre ellas que lo que realmente han querido expresar. Normalmente, les atribuimos más méritos que el de —en palabras de Valverde— “intentar molestar lo menos posible”. No obstante, es la posición clave dentro de una plantilla. Hay miles de decisiones que cambian la dinámica de un grupo: táctica, gestión, energía vital, comunicación… Tuve el honor de aprender de los mejores y entre ellos, sin duda, están Valverde y Rubi. Dos personas sencillas, apasionadas, analíticas, tan iguales pero, a la vez, tan diferentes.
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