Darío Benedetto es un hombre torturado. Los tatuajes que ilustran su cuerpo moldeado de boxeador advierten peligros conjurados por crucifijos, rosarios, rosas negras y calaveras. Su biografía revela una clave lúgubre. Su madre, Alicia Oviedo, murió cuando él tenía 12 años. Sufrió un paro cardíaco mientras le veía jugar al fútbol en un equipo de las categorías inferiores de Independiente. Descompuesto por el dolor, el chico dejó el fútbol por la albañilería. Regresó a duras penas. Apenas asentado en Arsenal emigró a México, al inhóspito Tijuana. Fichó por Boca en 2016 y en esta Copa Libertadores se reveló como un héroe. Su apoteosis se produjo en el lugar más insospechado. A las 21:15 de una noche de invierno en el Bernabéu. La hora en que recibió el primer pase de la noche y lo convirtió en gol.
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