Pese al potencial que ya atesora, con solo 21 años, a Alexander Zverev no le queda una, sino más bien dos, tres o al menos cuatro cocciones para llegar a ser el tenista que se vaticina que va a llegar a ser. A su edad cerrará la temporada como número cuatro del mundo –ya ha alcanzado el tres, tanto este curso como el pasado– y habiéndole puesto el lazo a su tercer Masters 1000, pero todavía con lagunas importantes. Aún en pleno desarrollo físico, flaquea en la movilidad y su margen de progresión técnica es generoso, aunque el hándicap más importante no esté tanto en su raqueta como en su cabeza.
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