En el fútbol, como en la vida, es complicado encontrar a alguien que se juegue el tipo por defender unos ideales. Mucho más si esa defensa implica el riesgo de perder un trabajo o unos privilegios. En 1974, el delantero chileno Carlos Caszely acudió a la recepción que el dictador Augusto Pinochet ofreció a la selección antes de viajar a Alemania a disputar el Mundial. Caszely se negó a estrecharle la mano. “Tenía miedo pero era lo que tenía que hacer”, explicó.
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