El Madrid está lejos de todo, muy lejos. El efecto Solari, que vuelve a ser un entrenador provisional, ha durado un suspiro. Justo hasta que ha llegado el Eibar a raspar la ligera capa de pintura de su carcasa. Cuando al torero Rafael Guerrita, hace un siglo, le pidieron los hombres de su cuadrilla quedarse a dormir en el pueblo donde habían toreado porque Córdoba quedaba muy lejos, este les corrigió la apreciación: “No. Córdoba está donde debe estar, lo que está lejos es esto”. Eibar tampoco está lejos; lo que está lejos es el fútbol del Real Madrid, muy lejos.
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