mardi 20 novembre 2018

Los ‘elefantes blancos’ de Brasil y Rusia

Para organizar el Mundial de 2014, Brasil tomó caminos más políticos que estratégicos y pagó un alto precio por ello, comenzando por la opción de 12 ciudades sede cuando solo ocho eran suficientes. Hubo una inversión de 2.300 millones de euros en la construcción de seis estadios, como el Mané Garrincha, en la capital federal, que costó 470 millones y ahora apenas se utiliza, si acaso como escenario de bodas y actos religiosos. También otros recintos, como en Manaus, Cuiabá, Natal y Recife, acumulan pérdidas millonarias año tras año. Inclusos campos propiedad de equipos con una tradición histórica tienen dificultades para cuadrar sus cuentas. Es el caso del Corinthians, el equipo del expresidente Lula. Cuatro años después, todavía no ha conseguido cerrar un acuerdo para vender su nombre a cambio de un patrocinio ni ha establecido una fórmula viable para atajar una deuda de 350 millones de euros.

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