El silencio reverencial con que los japoneses presenciaron siete días atrás la ‘haka’ de los All Balcks no se repitió en Twickenham. La catedral inglesa, animada por su capitán, enfrentó la danza de guerra, con su Swing Low, Sweet Chariot. Símbolo inequívoco de la guerrilla que aguardaba a los neozelandeses. Su seleccionador, Steve Hansen, resumía en la previa su convivencia con la presión. Y que la diferencia entre ellos y el resto es que la costumbre de lidiar con ella cada segundo les aporta un rodaje del que el resto carece. Y así lograron este sábado remontar un partido agónico que Inglaterra, derrotada en 15 de sus últimos 16 envites con los All Blacks, tuvo en su mano y no supo rematar.
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