Los ocho empates del Mundial de Londres hasta hoy entre Magnus Carlsen, quien juega hoy con blancas la 9ª de las doce partidas previstas, y Fabiano Caruana reavivan el debate sobre qué debe cambiar el ajedrez para adaptarse al siglo XXI y atraer a nuevos aficionados. Miguel Illescas, octacampeón de España, propone una revolución: si una partida termina en tablas, se juega otra con los colores cambados y el tiempo restante de cada jugador; y el proceso se repite para que siempre haya un ganador. Pero los defensores radicales de la ortodoxia no son pocos.
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