Holanda está de vuelta. Le falta ese par de superclases que en otros períodos de su fecunda historia futbolística le hicieron marcar diferencias, de Cruyff a Robben pasando por Rensenbrink, Van Basten, Kluivert, Van Nistelrooy o Van Persie. No tienen nadie que se acerque a Keizer, Rep, Gullit, Bergkamp, Seedorf o ni siquiera a Sneijder, pero tiene algo. Lo primero de todo alma. Y luego todo lo demás, lo que aporta una interesante mezcla de veteranos y noveles que cocina desde la pizarra Ronald Koeman, un digno depositario de la esencia pelotera del país. Con cuatro menores de 22 años en el once inicial derrotó a Francia, mantiene vivas sus opciones para llegar a la final four de la Liga de las Naciones, mandó a Alemania a la Liga B y deja a los teutones en riesgo de quedarse fuera del bombo de los diez cabezas de serie en el sorteo de la clasificación a la Eurocopa del próximo día 2 en Dublín.
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